Hermano pino

Era 1978 cuando nos mudamos a la calle Argullós. Entonces, yo tenía siete años. Entre las novedades del piso nuevo había una pequeña terraza aireada y luminosa de ático. Todo un hito de confort doméstico y un símbolo de ascenso en relación al oscuro primer piso de la calle Valldaura donde nací (ahora lleva el nombre de Pablo Iglesias. Por el fundador del PSOE, no por el vicepresidente y socio de la alcaldesa. Aunque, vaya, ahora todos ellos son socios, pero esa es otra historia…). Y con la terraza llegaron nuevas costumbres y mobiliarios familiares, como los tiestos y las plantas. En uno de ellos, asistimos al éxito de un experimento botánico de mi padre. Nació un pino de un piñón recogido durante uno de aquellos paseos que dábamos por el monte, en Collserola. Mis mejores recuerdos de infancia quedan en aquella ladera de la montaña, entre los “depósitos del agua” de la Trinitat Nova y el “castillo” de la Torre del Baró, allí donde el barrio conquistó el Ateneu Popular de Nou Barris. Aquel pino creció en casa como un tercer hermano. Tanto es así, que con nosotros siguió el camino que siguen los hijos cuando el tiesto ya les parece pequeño y necesitan más tierra y nuevo abono para explotar como piñas y esparcir sus semillas por el mundo. Primero se fue mi hermano Miguel. De casa, de la calle y del barrio. Más tarde, lo haría de la ciudad y del país. Después le siguió el pino. Mi padre, consciente y resignado, lo trasplantó en un talud ajardinado al principio de la calle, allí donde termina el barrio, pero aún en él. Un lugar feo, muy cerca del tráfico de una autopista, la Meridiana, que ya no recuerda que fue calle o avenida, y que descastada, hace cuarenta años que le da la espalda a las gentes de la Prospertitat. Yo me fui en 1998 de la calle Argullós. Veinte años después de haber llegado, y hace ya otros veinte años. Cuando regreso, mis hijos, que conocen bien la historia, insisten en entrar al barrio por allí, por el Pont del Drac. Frente al número 2 de la calle de los abuelos, donde sigue viviendo mi hermano pino y donde ha echado raíces su familia conífera…

A mi padre, en el difícil día de despedir para siempre a un hermano.

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