Sobre el rentismo inmobiliario que estrangula a quienes hace tiempo vivimos de alquiler en Barcelona.

Este fin de semana, Jaime Palomera, portavoz del Sindicat de Llogaters de Barcelona, desarrollaba en su perfil de twitter un hilo argumental que resulta del todo imprescindible para desmentir algunos relatos interesados y para poner luz sobre las causas reales del incremento de los precios del alquiler en la capital catalana. Explicaciones necesarias para entender un nuevo episodio de la crisis habitacional que asola los barrios, la ciudad y el país; damnificando, como siempre, a las clases populares.

Reproduzco a continuación la literalidad de su hilo de tuits para ayudarnos en la consolidación de un argumentario contra el discurso tramposo de quienes defienden los intereses del sector rentista inmobiliario de la ciudad. Un sector económico que nos castiga a los vecinos de los barrios con el fenómeno de la gentrificación y a los ciudadanos en general con mayor desposesión en relación a cotas de soberanía habitacional:

“Hay quien justifica el disparatado precio de la vivienda en Barcelona diciendo que es una ciudad global, que genera salarios cada vez más altos. Es una leyenda urbana. Según esta leyenda, la economía de la ciudad genera salarios cada vez más altos: es decir, unas clases medias que hacen subir los precios de la vivienda, en una espiral que acaba expulsando a muchos vecinos. Pero ¿quiénes son esos famosos gentrificadores, esas clases profesionales que hacen subir los precios? En ciudades como París, NY o Londres, se les identifica facilmente. Aquí, nadie sabe quiénes son realmente.

Para justificar el mito del creciente poder adquisitivo de la población, los mismos que niegan la burbuja nos hablan del sector TIC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación). “Como ese sector genera empleo, eso significa que también crecen los salarios”. Falso. Lo cierto es que el sector TIC no es diferente al resto de la economía: en él reinan la precariedad y la subcontratación. Para hacerse una idea: el salario de entrada son 11.000 euros brutos

El otro argumento que utilizan para justificar la subida del precio de la vivienda (también de risa) es que en Barcelona se están instalando acaudalados europeos aunque trabajen en otras ciudades. A esto se le llama convertir una realidad anecdótica en ley general. En realidad, quienes vivimos en Barcelona venimos sufriendo una enorme devaluación salarial desde que empezó la crisis. Entre 2007 y 2015, la población residente con unos ingresos medios pasó del 60% al 44%. Lo único que crece exponencialmente son los ingresos de los más ricos de la ciudad. ¿Y de dónde vienen sus principales beneficios empresariales? Sorpresa: de las rentas asociadas al capital inmobiliario, que se han disparado gracias a la burbuja de los alquileres. En otras palabras: el origen de la burbuja barcelonesa no son unas clases medias que expulsan a los que menos tienen, ni unos europeos acaudalados. Son la especulación y el rentismo inmobiliario, que hacen negocio con nuestros hogares y nuestra ciudad. Es un error centrar el foco en las clases medias o en los supuestos hipsters que gentrifican la ciudad. Las clases medias se derrumban. Como la clase trabajadora, son víctimas del rentismo inmobiliario, que por otra parte no es nuevo en la historia de esta ciudad. Lo que sí es nuevo son las dimensiones y escala de esa especulación.

Hoy el suelo barcelonés, como el de muchas otras ciudades, es un valor refugio para el capital internacional (y grandes fondos inversores en particular). Lo que estamos viviendo no responde al cuento cansino de “la oferta y la demanda”. Los poderes públicos de Barcelona, Cataluña y España hace tiempo que han dado luz verde a la nueva burbuja. Y lo han hecho, como siempre, con leyes como las que ya comentábamos aquí. Insisto, hay que descartar el mito de una demanda cada vez más solvente que puede pagar los actuales precios holgadamente, y que expulsa a los vecinos menos pudientes. Lo que está sucediendo, sobre todo, es un estrangulamiento cada vez mayor de quienes ya vivían de alquiler. Los datos no engañan: los catalanes destinan más del 46% del sueldo bruto mensual a pagar alquileres (o sea, rentas inmobiliarias). De este expolio se habla menos. Y es grave, porque a quien afecta más es a la juventud del país. Es decir, a su futuro.”

Recientemente, el Sindicat de Llogaters de Barcelona presentaba un decálogo con sus propuestas de mínimos imprescindibles para regular los alquileres y garantizar el derecho a la vivienda. Unas demandas que según el sindicato se irán completando y concretando a medida que se avance en la lucha por unos alquileres justos. Haciendo click sobre la imagen superior se enlaza al web donde figura el detalle y la explicación de esas diez propuestas.

También desde su página web se puede acceder al formulario de afiliación al Sindicat de Llogaters, la mejor herramienta para defender el interés común de las más de 500.000 personas que vivimos en alquiler en Barcelona.

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